Yaurína discute con su primo

 

 

                    Su alteza Huber se encuentra ahora en la sala de banderas departiendo con sus nobles y consejeros y Yaurína al entrar, es debidamente anunciada por el chambelán:

--- Alteza real, su majestad Yaurína de Cumbertán.

--- Adelante prima, las noticias que tengo para vos no pueden ser mejores.

                                  Todos inclinan la cabeza menos el príncipe, en la sala de estandartes y en la del trono, el soberano del país es dignidad absoluta y por eso, Yaurína recoge su falda en una graciosa reverencia. El príncipe continúa:

--- Veo que el reposo acentúa vuestra belleza, espero que la noticia que os reservo haga lo mismo con vuestro optimismo.

--- Me halagáis en exceso, ¿se sabe algo de mi padre?

--- Todavía no, pero nuestro ejército a vencido a las tropas del emperador. El mariscal de Galeas avanza hacia la capital de vuestro reino.

--- Es una buena noticia sin duda, aunque me temo que está contienda será larga, el imperio no cederá fácilmente. ¿Cuál es vuestra fuerza?

--- Cinco batallones, un regimiento de caballería y desde este momento cien cañones ligeros. ¿Qué os parece?

--- Mi parecer poco importa, pero en el caso de llegar frente a las murallas de Yarinea necesitaréis cañones de asedio, los ligeros no abrirán brecha.

--- Lo sabemos prima, pero descuidad, la fundición real ya está en ello.

--- ¿Y las bajas, cuántas han sido las bajas?

           El príncipe desconoce ese detalle, inquiere con la cabeza al teniente mensajero y dice éste:

--- Quinientos muertos y ochocientos heridos alteza.

--- Bien, no parece muy preocupante la cifra, ¿no es verdad?

                    Yaurína comprende que su primo ha heredado de su padre el principado, la frente estrecha, la nariz grande y el siempre empalagoso galanteo a las mujeres, pero en absoluto heredó de él su inteligencia. Yaurína pregunta al mensajero:

--- Decidme teniente, ¿se sabe algo del enemigo?

--- Si majestad, según un coronel prisionero interrogado, el conde de Altravia se dirige al encuentro del Mariscal con doce regimientos de dragones. Su excelencia estará llegando en estos momentos a la población de Limura para defenderse de la caballería.

--- Menester es que se parapete, el conde de Altravia atesora fama de excelente estratega y, aunque no lo fuere, con doce regimientos de dragones casi se podría conquistar un reino.

--- Tranquila prima, podéis fiar en la competencia de nuestro mariscal, se resguardará y vencerá.

--- Eso depende, ¿el conde de Limura está de nuestro lado?

--- Nadie lo sabe prima, pero vuestros nobles han resultado en su mayoría unos traidores, no creo que nos reciban en la muralla de Limura con flores.

--- A vuestro mariscal quizá no, pero a su reina no lo dudéis.

--- He comprendido el comentario, pero no os lo permitiré, no pensáis lo que estáis diciendo, es muy arriesgado.

--- Atreveos a impedírmelo y os doy mi palabra que prenderé fuego a este palacio.

--- Reflexionad, es una insensatez, no dispongo de efectivos suficientes para garantizar vuestra seguridad.

--- Ya tengo a mi escolta, no necesito más.

--- ¿Treinta piratas indisciplinados lo consideráis bastante?

--- ¿Nunca habéis visto pelear a un bucanero verdad?

--- No os engañéis prima, un hombre es igual a otro desde que se utiliza la pólvora.

--- No cuando ese hombre desprecia su vida e ignora el dolor.

--- No discutiré con vos, sois demasiado obstinada, pero si me obligáis a ello, dad por sentado que os confinaré en vuestros aposentos. Es mi última palabra prima.

--- Yo en vuestro lugar no lo haría, porque en ese caso podéis perder la guerra. Con Limura cerrada, el ejército del mariscal sucumbirá ante la caballería.

--- Esa es vuestra opinión y permitidme que os diga que no nos interesa, no pienso ceder a vuestros argumentos, debéis empeñar vuestra palabra que no intentaréis escapar, pues de otra forma seréis retenida por la fuerza.

--- Si ya lo tenéis decidido hacedlo, de lo contrario, os juro por mi corona que partiré.

--- Os advierto con todo rigor, que si ponéis en peligro vuestra integridad o la de palacio, consumando la amenaza de fuego que antes habéis señalado con tanta certidumbre, os recluiré en la torre hasta que la guerra esté concluida, ¿queda claro?

--- ¿A qué estáis esperando?

--- A vuestro gusto. ¡Guardias, conducid a su majestad hasta su alcoba y que se presente a mí el capitán de la torre!

       Los cuatro soldados que se encuentran en las puertas de la sala flanquean a Yaurína y ésta, sin más añadir, sale de la estancia. Cinco minutos después, la reina y Eniela quedan detenidas en sus habitaciones, dos soldados custodiarán su puerta y cuatro más el corredor y en breve plazo, el capitán de la torre, el alcaide de fortín, el prior, el notario escribano y un noble designado por su alteza, harán acto de presencia.

        El coronel señor de Tarja es puesto al corriente por Tario de lo sucedido, pero naturalmente, no podrán tener contacto con las detenidas hasta terminada la entrevista con los delegados actuantes y, siempre por descontado, que en el expediente de gracia consten sus nombres. La reina deberá refrendar un documento, en el que exonera a su alteza Huber de cualquier responsabilidad por su prevención, debida ésta, a la absoluta necesidad de salvaguardar su vida. Si se negare a certificar, no tendrá otra alternativa que comparecer ante el consejo de regencia y allí, ante nobles y caballeros, con la asistencia del cardenal, le serán leídos los motivos de su clausura y en su defecto, de reiterarse la negativa, firmarán cincuenta testigos.

        Pero Yaurína no demorará esa firma, no le conviene, así que cuando el notario le pregunta por las personas que por gracia del príncipe pueden entrar a visitarla, la soberana cita a cuatro: la oficiala costurera, el señor de Tarja, el chambelán y el prior.   El prior no es persona necesaria para sus planes de fuga, pero es incluido en la lista para evitar sospechas del príncipe y ya de paso, envanecer a un delegado actuante.

       A las siete de la tarde, legalizado el pliego y con anuencia plena de su alteza, Yaurína solicita al capitán responsable de su encierro una entrevista privada con el señor de Tarja y el chambelán. Se concede la entrevista, pero no la privacidad, un soldado estará presente y bien atento a la conversación, el capitán está advertido seriamente por el príncipe y no relajará la vigilancia.  Yaurína se encara con el oficial y pregunta:

--- ¿Esta será vuestra conducta con todas mis visitas?

--- Así es majestad, cumplo órdenes, soy militar.