Esta es la historia de un tal Pecos Bill,

 

que aconteció cerca del río Pecos, allá en Texas.

     

 

 

Corría el año no me acuerdo, que apareció una carreta,

 

en ella viajan los colonos: Mamita y Papito,

     

 

 

dieciséis latosos mocosos,

 

cuatro sabuesos,

     

 

 

y dos gatos negros en los puros huesos.

 

Iban al Oeste a buscar más espacio,

     

 

 

y aunque la carreta rodaba despacio,

 

cruzó la ribera y un niño cayó,

     

 

 

y el pobre chiquito un golpe se dio.

 

No se dieron cuenta de lo que perdieron,

     

 

 

por que la carreta nunca detuvieron.

 

Sí señores míos, el niño era Bill,

     

 

 

y allí quedó solo en aquella llanura,

 

sin hogar ni padres, pobre criatura.

     

 

 

Pero una tarde al oscurecer,

 

mamá coyote volvía a su hogar,

     

 

 

no sabía entonces lo que iba a descubrir ni a pasar,

 

pero la vida le había dejado un dividendo,

     

 

 

más que extraña sorpresa al entrar,

 

pues mamá coyote pensó: no lo entiendo,

     

 

 

¿será un nuevo modelo de coyote el que estoy viendo y oliendo?

     

 

 

Pecos la vio y la sonrió,

 

y ella y su instinto maternal,

     

 

 

a Bill libró de todo mal,

 

y mamá coyote lo adoptó.

     

 

 

Y así fue como de forma desordenada,

 

Bill creció entre aquella manada,

     

 

 

muy pronto se convirtió en el que mandaba,

 

pues todos sabían que con él no se jugaba,

     

 

 

pero el pequeño no quería descansar,

 

para demostrar a todos que él podía ganar,

     

 

 

así que se puso a estudiar a los demás,

 

y les enseñó un par de trucos, o puede que más.

     

 

 

fue más veloz que el antílope,

 

y saltó más alto que el conejo,

     

 

 

nadie podía con él,

 

ni siquiera la serpiente de cascabel.

     

 

 

Un día Bill vio llegar,

 

a un pobre potrillo que buscaba un hogar,

     

 

 

el potrillo pronto se vio amenazado,

 

estaba solo y muy asustado,

 

 

 

 

 

cincuenta contra uno no parecía justo,

 

pero Bill a su lado pelearía con gusto,

     

 

 

Crash, crof, crac,

 

Cruc, crash, crocs,

     

 

 

y de eso una nueva amistad surgiría,

 

y ya nada ni nadie los separaría.

     

 

 

Eran como las verrugas al sapo,

 

o las plumas al pato,

     

 

 

cuando Bill creció fue muy natural,

 

que fuera vaquero junto a su animal,

     

 

 

 y tan diestro era,

 

que se enlazaba a si mismo en la carrera,

     

 

 

 Fue vaquero de los que vienen y van,

 

y del viejo Oeste fue el superman,

     

 

 

 siempre galopó muy atrevido,

 

y nunca se dio por vencido,

     

 

 

Pim, pam, pum,

 

Pam, pim, pem,

     

 

 

Pam, pam, y ratapán

 

¡Ypiaye, aye, aye.   Ypiayó, ayó, ayó!

     

 

 

 fue el más grande, vaquero que existió.

 

 Una vez una horrible sequía apareció,

     

 

 

y a la bella California él se marchó,

 

y aunque no crean ustedes el relato,

     

 

 

trajo lluvia de ese estado en poco rato,

 

y así el golfo de México nació.

     

 

 

Ypiaye, aye, aye,

 

Ypiayó, ayó, ayó,

     

 

 

Fue el más grande, vaquero que existió.

 

Delincuentes el ganado le robaban,

     

 

 

no sabían que el muchacho estaba aquí,

 

pues a todos los cuatreros atrapaba y ...

     

 

 

Pecos rompió los dientes,

 

a todos los delincuentes,

     

 

 

y por eso mucho oro hay por ahí.

 

Ypiaye, aye, aye,  Ypiayó, ayó, ayó,

     

 

 

 fue el más grande, vaquero que existió.

 

Un día Pecos se perdió en el desierto,

     

 

 

y el sol abrasador la boca le secó,

 

pensó que pronto estaría muerto,

     

 

 

pues hasta su caballo del sudor estaba tuerto,

 

y  aunque de todas partes lejos se encontró,

     

 

 

clavó el letrero con acierto,

 

y el Río Bravo construyó.

     

 

 

Ypiaye, aye, aye,

 

Ypiayó, ayó, ayó,

     

 

 

fue el más grande, vaquero que existió.

 

Ypiaye, aye, aye,

     

 

 

Ypiayó, ayó, ayó,

 

fue el más grande, vaquero que existió.

     

 

 

Los apaches se pintaban para guerra,

 

y sus planes, Pecos Bill estropeo,

     

 

 

pues les dio tal susto a aquellos indios,

 

que al huir su maquillaje se corrió,

     

 

 

y así el desierto sin pinceles se pintó.

 

Ypiaye, aye, aye,

     

 

 

Ypiayó, ayó, ayó,

 

fue el más grande, vaquero que existió.

     

 

 

Descansando en una nube sobre Texas,

 

con su arma a las estrellas disparó,

     

 

 

y al ver que una tras otra se apagaba,

 

respetó solo a la que más brillaba,

     

 

 

y el símbolo de Texas consiguió.

 

Ypiaye, aye, aye,

     

 

 

Ypiayó, ayó, ayó,

 

fue el más grande, vaquero que existió.

     

 

 

Ypiaye, aye, aye,

 

Ypiayó, ayó, ayó,

     

 

 

 fue el más grande, vaquero que existió.

 

 Bill y su caballo pasaron tiempos felices,

     

 

 

pues entre ellos ya no habrían otros matices,

 

y de contento sucedió, que hacia el cielo disparó.

     

 

 

Bill estaba feliz ese lindo día,

 

entreteniendo el tiempo como él sabía,

     

 

 

el rodeo primitivo a él le gustaba,

 

y con la cabeza a los bisontes golpeaba,

     

 

 

 pues con mucho valor esa tierra dominaba.

 

Pero del fondo del río salió su destino,

     

 

 

una amazona que montaba un pez, que desatino,

 

 Sue se llamaba la caballista que venía,

     

 

 

y todos los encantos de mujer tenía,

 

una visión de un sueño salía,

     

 

 

pues era la primera mujer que Bill veía.

 

Era extraña, y diferente,

     

 

 

y poderosamente estimulante,

 

y a Bill se le alegró la vida en un instante.

     

 

 

Pero le causo una sensación peculiar e inesperada,

 

que convirtió a sus sentidos en picada.

     

 

 

su pecho estaba ardiendo y su cabeza hirviendo,

 

y su cerebro se estaba derritiendo,

     

 

 

era un profundo y precioso azul de mar,

 

el de su intenso mirar.

     

 

 

Si señor, si señor,

 

 ahora,

     

 

 

había llegado a nuestro Pecos Bill:

 

el amor.

     

 

 

Pecos se declaró muy vibrante,

 

al estilo del Oeste muy galante,

     

 

 

a la luna pidió iluminar,

 

con luz de plata todo el lugar,

     

 

 

y a las estrellas les ordenó,

 

formar corazones para los dos,

     
     

 

de esa manera declaró a Sue su amor,

 

en aquél escenario que era un primor,

     

 

 

 Sue eligió de la boda el día,

 

pero había un precio que Bill pagaría,

     

 

 

Sue quería una almoadilla de diseño sutil,

 

y casarse como una dama con Bill.

     

 

 

La chica tuvo su almoadilla por fin,

 

para andar cimbreante en el camino,

     

 

 

y así poco a poco señores,

 

 dio los toques finales al chasis femenino,

     

 

 

y esa novia feliz y ruborizada,

 

ciertamente dejó a la aldea azorada,

     

 

 

pero Sue antes de pasar por el altar,

 

 al caballo enviudador quería montar,

     

 

 

un zopenco muy terco y de armas tomar,

 

y aunque el enviudador furioso estaba,

     

 

 

 Sue presumiendo de almoadilla no lo notaba,

 

con paso elegante saltó al peligroso espacio,

     

 

 

y las fuertes bridas tomó muy despacio,

 

el estribo apretó, y con un golpe de almodialla montó,

     

 

 

pero el procedimiento de pronto falló

 

pues en su grupa la tonta almoadilla,

     

 

 

recibía una y otra vez sin cesar,

 

golpes y más golpes en la silla,

     

 

 

hasta que Sue ya no pudo manejar,

 

y como un cohete se fue a volar.

     
     

 

¡Nooooo!

 

¡Nooooo!

     

 

 

Shiuuuuuu

 

Hayyyyy

     

 

 

Shiuuuuuuuu

 

Bommmmm

     

 

 

pero aquella almoadilla de acero y resorte,

 

mantuvo lejos a Sue de su futuro consorte,

     

 

 

y muy pronto supo la multitud,

 

que cada vez que bajaba y subía,

     

 

 

 la chica iba ganando en altitud.

 

y parar no podía.

     
     

 

 

Y prácticamente se disponía desaparecer,

 

aquella preciosa e intrépida mujer.

     

 

 

¡Pero no!, aún quedaba esperanza,

 

Ahí viene Bill con su enorme confianza,

     

 

 

muy pronto todo esto habrá terminado,

 

pues nuestro Bill con su lazo jamás ha fallado,

     

 

 

Bill estaba tranquilo y calmado,

 

e hizo su nudo especial muy confiado,

 

   

 

 

juzgó la distancia con tiento,

 

y probó de dónde venía el viento,

     

 

 

tiró el lazo con maestría,

 

y el lazo subió y subió,

     

 

 

pero lamentablemente falló,

 

¿pero cómo pudo ser?

     

 

 

nunca esto antes pudo acontecer,

 

y nadie en el pueblo lo pudo entender.

     

 

 

Pero que cosa más rara,

 

¿que pudo hacer que el campeón fallara?

     

 

 

y ella volvió a caer,

 

de su vuelo celestial,

     

 

 

y volvió a subir, al espacio sideral,

 

y tan alto subió,

     

 

 

que en la luna se estrelló,

 

y allí para los restos se quedó.

     

 

 

En el estado de Tejas, de los Estados Unidos,

 

la gente siguió conviviendo con sus amigos.

     

 

 

el río Pecos siguió su curso sinuoso y confuso,

 

pero el mejor vaquero de todos no se repuso,

     

 

 

él regresó con los coyotes,

 

pero jamás olvidó a Sue,

     

 

 

y cada noche al salir la luna,

 

aullaba de pena su mala fortuna,

     

 

 

lamentando la suerte de su lindo querer,

 

la bella doncella que no volvió a ver,

     
     

 

tan lastimero era su tormento,

 

que los coyotes cantaron con él,

     

 

 

su triste lamento.

 

Y por eso es que en cada recodo,

     
     

 

 

los coyotes le aúllan a la luna,

 

de ese triste modo.