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Nilo Menéndez,
se la dedicó a una linda
cubanita rubia llamada
Conchita,
Conchita Utrera, que
conoció en New York.
Se enamoro de ella ese
mismo día y
por la noche compuso la
música de la canción.
Le rogó después al hermano
de ella, que era el
malogrado poeta y gran
tenor Adolfo Utrera,
que le
escribiera los
versos. Fueron los ojos
de la chica, que inspiraron
el tema
de la
dulce canción.
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