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La casa
agradecida |
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Parecía una casa
normal, como todas las casas del barrio, pero no era
así. Se encontraba un poco
apartada
del resto de las
otras, al final de la calle. Tenia un porche
de madera muy acogedor y por los pilares del porche
se enroscaba una
centenaria parra. La casa estaba en
venta, pero ningún vecino de la ciudad se interesó
nunca
por ella, decían
que era muy vieja y con mucha carcoma y quién
comprase aquella propiedad, no tendría más
remedio que
derruirla y construir una nueva. El propietario de
la casa tampoco nunca habitó en ella, vivía
en el
extranjero y como era muy rico, no le importaba en
absoluto.
Un día un coche
paró frente a la casa, de él bajaron un matrimonio y
sus dos hijos, eran gente muy pobre
y no podían pagar
un hotel, en el ayuntamiento habían solicitado ayuda
para pasar la noche, pero se la
negaron, no
obstante, un policía municipal se apiadó de ellos y
les indicó aquella dirección.
Entraron en la
casa sin dificultad por la puerta de atrás, todo
estaba patas arriba, sucio y roto, tantos y
tantos años de
visitas de vagabundos y chiquillos, habían dejado
toda la casa en un estado lamentable.
La tarde estaba
muy avanzada y hacía frío, así que lo primero fue
encender la chimenea y todos junto
al fuego y
envueltos en unas mantas que llevaban en el coche se
quedaron prontamente dormidos. El
primero en
despertar fue el más pequeño, un niño de siete años
que se llamaba José, y a pesar de que tenía
mucha hambre no
despertó a sus papás, salió al jardín para curiosear
y encontró una solitaria rosa en
un rosal, que por
supuesto más parecía un zarzal, y cortando la rosa,
hundió en la tierra de una maceta
descolorida y
medio rota el tallo de la flor, luego la colocó en la
barandilla del porche y con una especie
de escoba que
estaba tirada en un rincón del jardín barrió la
puerta de entrada. Al terminar, entró de
nuevo en la casa y
sin hacer ruido se dirigió a la cocina, también allí
todo estaba destrozado, pero el
muchacho abrió la
nevera y encontró cinco manzanas en perfecto estado,
cogió una y se fue al salón.
El padre del chico
despertó y extrañado por lo de la manzana que le
contó su hijo fue a la cocina,
pero entonces se
asustó, el frigorífico efectivamente contenía las
cuatro manzanas restantes, pero
lo más increíble,
es que funcionaba sin estar enchufado y además, su
interior parecía completamente
nuevo. El
hombre intentó averiguar cómo era posible todo
aquello, pero no lo consiguió y para no
asustar a su
mujer, enchufó el electrodoméstico.
Luego decidió que se quedarían allí una noche más
antes de continuar
el viaje y puesto que no tenían otra cosa para comer
más que las manzanas, registró
sus bolsillos y
con el poco dinero que le quedaba fue a una tienda a
comprar un poco de pan.
Al regresar de la
tienda encontró a su mujer barriendo el salón y a
los críos recogiendo polvo y
basura con una
pala de plástico. Al preguntar por el
motivo, puesto que era absurdo hacer algo
así sabiendo que
muy pronto emprenderían de nuevo el viaje, su mujer
y los chicos le manifestaron
que querían
quedarse para siempre en aquella casa, porque era una
casa buena. El hombre no
entendía nada, así
que su mujer le llevó a la cocina y abrió la nevera,
casi se cae de espaldas al
contemplar que
estaba completamente llena, entonces su mujer le
explicó, que cada vez que hacían
algo bueno por la
casa, tal como es la limpieza, en el frigorífico
aparecía algo más para comer y no
contenta con la
explicación, decidió demostrárselo, barrió entonces
la cocina y ante los ojos incrédulos
de su marido, al
abrir de nuevo la nevera había aparecido un pollo
entero que antes no estaba.
A los chicos les
entusiasmaba aquella especie de magia, y limpiaron
hasta tener la nevera repleta,
pero lo más
increíble, les ocurrió al día siguiente, cuando
decidieron poner algo de orden en el jardín.
José encontró
medio enterradas unas tijeras de podar y le pidió a
su hermano, pues él no tenía suficiente
fuerza, que
cortara del rosal todas las ramas muertas, y al
hacerlo, a cada rama seca que cortaba, en el
extremo de otra
aún verde florecía una rosa. Era algo tan
maravilloso, que los cuatro contemplaban
el prodigio sin
ningún temor, bien al contrario, con una felicidad
desconocida.
Pero ocurrió lo
que
siempre pasa, un
vecino al ver un jardín tan bien cuidado, informó a
la agencia de ventas y el director
de la misma se
personó en la casa y cuando vio que todo estaba
reluciente, aunque naturalmente destartalado,
pensó que
seguramente la podría vender y ordenó a la familia
que se fuera inmediatamente. Durante tres
semanas, la
familia se metía en el coche aparcado cien metros
más arriba y veía como entraban y salían
las visitas para
comprarla y por la noche, regresaban a cenar y
dormir en ella. Pero a nadie parecía
interesar la
propiedad y por ese motivo, el padre fue a la
agencia para informarse del precio, que resultó
ser a su juicio
bastante barato. No podía comprender como era
posible que alguien no la comprase y
por eso decidió
averiguarlo. Al día siguiente, cuando
vio acercarse a otra visita, el también se acercó
a la casa por la
parte trasera y miró al interior por una ventana,
entonces con inmensa alegría descubrió
el motivo, la casa
estaba igual que cuando él y su familia entraron por primera
vez, hecha un completo
desastre, sucia a
más no poder y maloliente, algo que al caer la tarde
desaparecía. Comprendió entonces
con lágrimas en
los ojos, que aquella casa les quería a ellos y a
nadie más, porque era una casa agradecida.
Cuando el buen
hombre explicó a su mujer y a los chicos lo que
ocurría, todos lloraron de felicidad y
también de
tristeza, pues sin dinero nunca podrían comprarla.
Pronto las visitas de compra fueron
menguando hasta
que dejaron de llegar, la agencia desistió y la casa
regresó al olvido y nuestros amigos
volvieron a vivir
en ella. La familia había cubierto sus
necesidades de techo y comida, pero para vivir
se necesitan
algunas otras cosas y el padre, no
encontraba trabajo en toda la comarca.
Un día llamaron a
la puerta, era el policía pecoso que les había
indicado el domicilio cuando llegaron
al pueblo, el
matrimonio se asustó, pero el agente les tranquilizó
y les dijo que únicamente había venido
para hacerles un
regalo, les había traído una caja de herramientas,
se despidió después y la pareja quedó
muy sorprendida.
Pero el regalo gustó mucho al marido, pues era un
manitas del bricolage, así que
al instante
comenzó a repasar todas las cajas de empalmes
eléctricos y a encintar aquellos hilos que
no lo estuvieran.
Muy pronto uno de los interruptores funcionó y luego
otro, y más tarde, la cocina
eléctrica comenzó
a calentar, la esposa se volvía loca de felicidad y
el marido se hacia cruces, porque
lo bueno del
asunto, es que la casa no tenía contador y tampoco
estaba conectada a la red eléctrica.
A partir de
entonces, y conforme adelantaban los trabajos de
mejoras en toda la casa, en la nevera las
cosas se
desmadraban, pues al lado de la lechuga o la fruta,
igual aparecía una lata de pintura o un
ambientador, o una
máquina de afeitar, o pegamento; era algo
fantástico, mágico y extraordinario.
Muy pronto y ante
el asombro de todos, cuando el padre estaba
arreglando un escalón del porche,
apareció en el
salón el primer mueble, un precioso sofá, que los
chicos recibieron saltando de alegría.
Pero el padre y la
madre estaban muy preocupados, pues muy pronto
alguien se daría cuenta de
aquello y les
echarían de allí de nuevo. Entonces ocurrió,
el padre quitaba unas tablas de la pared
para cambiarlas
por otras nuevas y encontró con asombro una caja
fuerte disimulada tras ellas.
Con la sierra de
metal de la caja de herramientas consiguió abrirla y
el milagro sucedió, los billetes
aparecieron ante
ellos, como aparece el sol tras una nube en una
negra tormenta.
Después de comprar
la casa, fueron al ayuntamiento a dar las gracias al
policía pecoso, pero
en el pueblo nunca
habían tenido un policía pecoso, nadie respondía a
su descripción y así se
imaginaron, que
nunca descubrirían misterio. Pero pocos
meses más tarde, José encontró una
vieja foto
enmarcada enterrada en el jardín, era el policía, el
antiguo propietario de la casa, que
les sonreía
tiernamente.
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