El Hueso se ofreció para ayudarla con los paquetes,

 

pero entonces apareció Icabot y aprovechó la ocasión,

     

 

y Katrina también aprovechó la ocasión

 

 para darle celos a el Hueso y ...

     

se dejó acompañar por Icabot.

 

El Hueso les siguió y

 

 

   

cuando Icabot intentaba una galantería,

 

pasó con su caballo y le llenó de barro.

 

 

   

En esas circunstancias, la chica aceptó

 

la grupa del caballo del Hueso, pero,

 

 

   

a Icabot le obsequió con un presente:

 

su pañuelo bordado.

 

 

   

Icabot estaba hundido, pero aquella prenda

 

le dio nuevos ánimos y salió disparado

 

 

   

 hacia la granja de Katrina.

 

Y fue tan rápido, que llego al mismo tiempo,

 

 

   

¡Qué digo al mismo tiempo, llegó antes!,

 

Tanto así, que impresionó a Katrina.

   

 

 

¿Pero como ha podido señor Icabot?

 

Porque la belleza de usted me da alas.

   

 

 

Y al Hueso le tocaron los paquetes

 

Katrina pensó en darle más celos a su amado,

   

 

 

y cuando éste les miró ...

 

se puso muy cariñosa con Icabot.

   

 

 

El Hueso les siguió muy enfadado,

 

mientras Icabot seguía galanteando a Katrina

   

 

 

el profesor era muy astuto y dejó

 

que el Hueso diera en el suelo con sus huesos.

   

 

 

Ohh, que torpe, perdonadme señorita,

 

yo rescataré vuestros paquetes.

   

 

 

Vamos muchacho, tened más cuidado,

 

son cosas de la señorita Katrina.

   

 

 

Entremos señorita, ya viene,

 

pero Icabot de nuevo preparó disimuladamente,

   

 

 

el ridículo de su rival cerrando la puerta.

 

¡Pataplannnn!

   

 

 

Lo que os dije, es un torpe.

 

Y como siempre aprovechando

   

 

 

continuó con sus galanterías.

 

El pobre Hueso estaba perdido,

   

 

 

Katrina empezaba a responder a Icabot,

 

todavía no era amor,

   

 

 

pero empezaba a parecerlo.

 

Algo después, Icabot y el Hueso se fueron,

   

 

 

y ella les despidió efusivamente.

 

Una semana más tarde,

   

 

 

Katrina confeccionaba la lista de invitados,

 

pues celebraba una fiesta por su cumpleaños,

   

 

 

y el profesor por descontado fue invitado.

 

Llegó el día y todos acudieron,

   

 

 

y de nuevo, el profesor triunfaba,

 

bailaba con elegancia y soltura,

   

 

 

y el Hueso empezó a pensar en que tenía

 

en frente a un rival imposible de vencer.

   

 

 

el padre de Katrina no lo veía con malos ojos,

 

pero es que Icabot se las sabía todas,

 

 

   

y no perdía ocasión de agradar al viejo,

 

que lógicamente, quedaba satisfecho

 

 

   

para desesperación del Hueso, claro.

 

Por fin los músicos dejaron de tocar,

 

 

   

era la hora del resopón y de las historias de

 

terror que tanto gustaban a los lugareños,

 

 

   

pero a Icabot le gustaba otra cosa,

 

el Hueso entonces tuvo una idea,

 

 

   

había descubierto la debilidad de Icabot,

 

al verle derramar el salero y temblar,

 

 

   

así que comenzó una historia terrorífica,

 

de un caballero sin cabeza, que deambulaba

 

 

   

de noche por aquellos parajes.

 

Icabot al principio no puso atención a la historia

 

 

   

pero un anciano presente dio la razón a el Hueso,

 

y una ráfaga de aire inoportuna, acabó de

 

 

   

dar mucho interés al tema.

 

esta vez el miedo se apoderó de Icabot

   

 

 

ya incapaz de disimularlo

 

Katrina se dio cuenta y soltó una carcajada,

   

 

 

pero Icabot ya no atendía a nada,

 

y el Hueso siguió aterrorizándole con la historia,

   

 

 

la calabaza incendiada de la muerte,

 

la espada asesina del caballero sin cabeza,

 

 

   

y las tumbas de aquellos que cayeron en sus manos.

 

Icabot estaba aterrado,

 

 

   

y Katrina no podía aguantar la risa.

 

por fin acabo la velada y todos se fueron.

 

 

   

A Icabot le entretuvo el padre de Katrina,

 

y se vio obligado a regresar solo,

   

 

 

muy pronto el bosque y la noche,

 

hicieron mella en su ánimo.

   

 

 

Las nubes bajo la luna como garras,

 

las criaturas de la noche,

 

 

   

y la imaginación calenturienta

 

se apoderaron de Icabot,

 

 

   

aunque nada fuese cierto.

 

Nunca ningún otro hombre pasó tanto miedo,

 

 

   

entonces escuchó un grito terrible,

 

que le heló la sangre en las venas,

 

 

   

¡y apareció el jinete sin cabeza!

 

Icabot y su caballo perdieron los estribos,

   

 

 

el jinete llevaba su cabeza en la mano,

 

una cabeza de fuego,

 

 

   

Icabot aterrorizado salió al galope,

 

pero el jinete le siguió,

 

 

   

y la espada de la muerte casi le degolla,

 

 cruzó el puente con el jinete pisándole los talones,

 

 

   

pero como no podía atravesar el puente,

 

el jinete le tiró su cabeza incendiada y casi le da.

 

 

   

A la mañana siguiente,

 

solo quedaba en el camino una calabaza espachurrada

 

 

   

y el sombrero de Icabot,

 

que ya nunca más se le vio en el condado.

 

 

   

El tiempo pasó y ...

 

Katerina y el Hueso se casarón.

 

 

   

Y cuentan, que no lejos de allí,

 

Icabot se casó con una viuda rica,

 

 

   

que cocinaba de maravilla.

 

Pero otros dicen, que el jinete lo decapitó,

 

 

   

aunque quién sabe si aquél terrible jinete,

 

no fue el mismo Hueso.

 

 

   

Pero eso nunca se sabrá.

 

y FIN