Cuando New York era simplemente un villorrio

 

 

   

muy cerca de ella, existía un lugar maravilloso,

 

y también según cuentan, bastante tenebroso.

 

 

   

La historia preferida de la vecindad,

 

comenzó, cuando un buen día llegó al lugar,

 

 

   

un maestro desgarbado y...

 

feo como un espantapájaros,

 

 

   

que ostentaba el curioso nombre de:  Icabot,  y...

 

aquí comienza la historia.

 

 

   

En la plaza del pueblo,

 

y más concretamente frente a la hostería,

 

 

   

mataban el tiempo los amigos del Hueso,

 

y el Hueso, llegaba en ese momento a caballo.

     

 

El Hueso era un pueblerino fortachón,

 

siempre dispuesto a la sana juerga y también,

 

 

   

a la conquista de las chicas, pero...

 

sin duda era un buen muchacho.

 

 

   

El mozo a través de la jarra de cerveza vio algo,

 

¿pero qué sería esa cosa? - se preguntó -

 

 

   

¡que hombre más raro!

 

¡que tipo más feo!

 

 

   

¡guau, guau, guau!

 

¡Hiiiii,   hiiiii,  hiiii!

 

 

   

la gente del pueblo se asomaba para verle.

 

Pero, ¿quién será? - decían -

 

 

   

¿quién será el forastero?

 

¿que cosa tan desgarbada verdad?

 

 

   

Sí, era muy desgarbado, pero no era tonto.

 

Bellísimas damas, a sus pies, soy Icabot,

 

 

   

el nuevo profesor, para servirlas y admirarlas.

 

 Ohhhhh !

 

 

   

¡Que galante, y es profesor!

 

Mira hija, es un profesor.

 

 

   

¿Qué os parece chicos?, todo un profesor.

 

Pues sí, era profesor y bastante listillo.

 

 

   

Permítame señorita.

 

Gracias señor.

 

 

   

Ha sido un verdadero placer para mi.

 

Que amable.

 

 

   

Adiós señorita.

 

Un verdadero placer, ya lo creo.

 

 

   

Ummm, delicioso.

 

Un pillastre muy disimulado, eso era.

 

 

   

ciertamente, en el pueblo nunca habían

 

visto a un hombre tan singular.

 

 

   

En la escuela, era también singular,

 

la disciplina se impartía de acuerdo a ...

 

 

   

sus preferencias culinarias,

 

el castigo no era el mismo, si el niño a castigar,

 

 

   

era ese niño que tenia una madre guapa,

 

o mejor, buena cocinera.

 

 

   

Vamos, vamos, eso no se hace.

 

Gracias por la invitación señora.

 

 

   

Que perfume, que maravilla.

 

En definitiva, que Icabot era muy feliz,

 

 

   

pues gracias a su peculiar talento,

 

tenía una agenda social muy apretada,

 

 

   

era un invitado especial en muchas casas,

 

daba clases de canto sin saber cantar

 

 

   

pero a las alumnas no les importaba,

 

pues lo importante no era cantar, era casarse.

 

 

   

Atención señoritas, fíjense en mi.

 

Do, re, mi, fa, sol, la, si, do,

 

 

   

Lararioli, lili, larariroru.

 

Ohhhh, que apuesto.

 

 

   

Ohhhh, me desmayo.

 

ya está, a por la ensalada.

 

 

   

Icabot era sin duda un aprovechado.

 

Un día fue invitado a un picnic y allí ...

 

 

   

conoció a la hermosa Katrina,

 

bella entre las bellas y además,

 

 

   

hija única del hombre más rico del pueblo.

 

La muchacha estaba enamorada del Hueso,

 

 

   

pero era un poquitín presumida y caprichosa,

 

y no perdía ocasión para coquetear con todos,

 

 

   

y todos naturalmente, eran sus admiradores.

 

La belleza de Katrina reinaba en el lugar,

 

 

   

guapa, rica, inteligente, trabajadora.

 

Me sentaré allí,

 

 

   

Los hombres atendían a todos sus caprichos,

 

Ohh no, aquí no,

 

 

   

 ¿Aquí no?

 

Prefiero allí.

 

 

   

¿Aquí sí?

 

Bueno, no sé, ya veremos, esperadme.

 

 

   

Vale

 

Algo más allá, Icabot comenzaba su picnic,

 

 

   

y cuando estaba a punto de engullirse un pollo,

 

la vio acercarse.

 

 

   

Buenos días caballero

 

Icabot quedó sobrecogido, pasmado,

 

 

   

ni siquiera pudo pronunciar una palabra.

 

¡Que mujer tan maravillosa! -  pensó -

 

 

   

que criatura tan hermosa.

 

Un sueño de mujer

 

 

   

A partir de entonces, cuando Icabot se enteró de

 

quién era la dama, el maestro dejó de serlo.

 

 

   

y aunque parecía estar cumpliendo con su obligación,

 

no lo hacía, pues su tiempo lo invertía,

 

 

   

en soñar con la dama y desplumar el plumero.

 

Que fantástico sería casarse con ella,

 

 

   

una belleza tan sublime,

 

y una riqueza tan desmesurada.

 

 

   

esas espigas del color del oro,

 

y que darían mucho oro,

 

 

   

sin olvidar la cosecha verde dinerete,

 

que también da mucho billete,

 

 

   

y ese fabuloso granero,

 

repletito a rebosar de dinero.

 

 

   

Claro que de momento estaba el padre,

 

pero cuando ya no estuviera,

 

 

   

su dicha y fortuna sería entera.

 

Ohhh, preciosa mía,

 

 

   

ven, acércate, te daré un beso,

 

lástima, un dulce sueño.

 

 

   

Un día en que la muchacha, siempre rodeada de

 

hombres solícitos estaba comprando,

 

 

   

llegó el Hueso, el espanta moscones,

 

y naturalmente ...

 

 

   

nadie quería pleitos con él, así que ...

 

desaparecieron.

     

Katrina quedó muy contrariada,

 

y el Hueso intentó ser amable,

 

 

   

pero la chica se enfadó mucho,

 

pero mucho, mucho,