El flautista de Hamelin

     
     

 

Hamelin era una ciudad castigada por las ratas,

 

se lo comían todo y el resto se lo llevaban,

     
     

 

mataban a muchas, pero salían más y más,

 

fue un hechicero el que castigó a la ciudad,

     
     

 

por que sus habitantes eran malas gentes,

 

tenían a sus hijos siempre trabajando,

     
     

 

todos los trabajos de la ciudad los hacían ellos,

 

y nunca podían ir al colegio ni tampoco jugar.

     
     

 

Pero era tan grande la plaga de ratas, que ni gatos ...

 

ni toda clase de armas acabaron con ellas.

     
     

 

El motivo es que eran ratas muy inteligentes,

 

se sabían todos los trucos para poder comer,

     
     

 

nada por complicado que fuera se les resistía,

 

eran demasiado listas para engañarlas,

     
     

 

sus trucos para comérselo todo eran geniales,

 

 su número era enorme, abrumador, miles y miles,

     
     

 

y su voracidad insaciable.

 

Se metían en todas partes, en tiendas y obradoes,

     
     

 

en almacenes, graneros y despensas,

 

y cuando alguna descubría comida llamaba a las otras,

     
     

 

que llegaban en tropel a llenarse la barriga

 

y ya lo veis, del queso solo dejaban los agujeros.

     
     

 

Los habitantes reclamaron soluciones a su alcalde,

 

y éste les escuchó con atención,

     
     

 

queremos soluciones - le gritaban,

 

el alcalde contestó - ¡Ya sabéis que lo hemos probado todo!

     
     

 

pero ni gatos, ni escopetas, ni siquiera con matarratas,

 

¡No hay soluciones, queridos conciudadanos!

     
     

 

-las ratas escuchaban los gritos de la asamblea con guasa-

 

¡Pues si no hay soluciones, habrá otro alcalde!

     
     

 

Bueno, calma, calma, no serán necesarias otras elecciones,

 

casualmente aquí, tenía preparada una bolsa con monedas,

     
     

 

por si acaso me pedíais soluciones y, aquí está la bolsa,

 

es una fortuna y es de mi bolsillo particular, no penséis mal,

     
     

 

y será para aquel de vosotros que solucione el problema.

 

¡Mentiroso, no arriesgas nada, ninguno de nosotros ...

     
     

 

puede solucionar el problema, ya lo sabes!

 

entonces no es culpa mía, si nadie quiere la bolsa ...

     
     

 

¡Un momento, yo quiero el premio!

 

¿Tú, quién eres tú?

     
     

 

Eso no importa, simplemente un forastero.

 

¿Y cómo vas a terminar con las ratas?

     
     

 

Eso tampoco importa a nadie, ¿si lo hago me darás la bolsa?,

 

¡Claro, soy alcalde y lo que prometo lo cumplo!

     
     

 

¡Está bien, entonces lo haré!  !mirad todos!

 

- Y el hombre comenzó a tocar la flauta -

     
     

 

era una música suave, melodiosa, mágica,

 

la ratas escucharon aquella música sorprendidas,

     
     

 

hasta los sordos escucharon la música,

 

y de todas partes salieron las ratas para escuchar,

     
     

 

la ratas se fueron acercando al portón de la muralla,

 

aquella música las hechizaba

     
     

 

 y cuando todas estuvieron allí ...

 

entonces el flautista dio media vuelta y bailando ...

     
     

 

se alejó por el camino y las ratas tras él,

 

aquella música era preciosa, fantástica,

     
     

 

las ratas no podían parar de bailar

 

y cuando la última rata abandonó la ciudad,

     
     

 

los habitantes cerraron las puertas locos de alegría,

 

el flautista entonces cambió el tono y ...

     
     

 

apareció en mitad del camino un queso enorme,

 

y las ratas naturalmente corrieron hacia él,

     
     

 

fueron como locas a por el queso, que por cierto era Gruyer,

 

todas tenían sitio en aquel queso tan enorme,

     
     

 

y cuando la última se metió en el queso ...

 

el enorme queso empezó a desaparecer,

     
     

 

hasta que desapareció completamente y del todo,

 

el flaustísta quedó satisfecho y ... 

     
     

 

regresó a la ciudad pero se encontró la puerta cerrada,

 

y dirigiéndose al alcalde dijo - ¡Ya está, quiero mi bolsa!

     
     

 

¿Por trabajar tan poco quieres la bolsa?

 

¿No esperarás un premio por tocar la flauta?

     
     

 

¡Toma, esto es lo único que mereces!

 

¿Esto solamente?

     
     

 

¿Has oído a ese tonto?, quiere más por tocar una flauta,

 

- Todo el mundo se reía del pobre flautista _

     
     

 

- El alcalde más que nadie -

 

¡Ya me habían dicho que era una ciudad de mala gente!

     
     

 

¡Pero escuchadme bien!

 

¡Por vuestra maldad os castigaré!

     
     

 

¿A sí, y cómo lo harás, nos convertirás en ratas?

 

¡No haré eso, será algo peor para vosotros!

     
     

 

Ohh que miedo, ¿y cómo nos castigarás?, ¿tienes un ejército?

 

¡No necesito soldados ni armas, tengo mi flauta!

     
     

 

¿Habéis oído, no castigará con la flauta?  JA, ja, ja, ja, ja,

 

- El flautísta sonrió y empezó a tocarla -

     
     

 

y una música mucho más melodiosa que la anterior ...

 

era deliciosa, maravillosa, una gozada,

     
     

 

los niños escucharon aquella melodía y quedaron hechizados,

 

todos en toda la ciudad pararon para escuchar,

     
     

 

se olvidaron por completo de su triste vida y sonrieron,

 

y sin poderse contener, salieron todos corriendo ...

     
     

 

en busca de aquel sonido mágico.

 

Mientras tanto, la puerta de la muralla comenzó a moverse,

     
     

 

la música tiraba de ella con la fuerza de un huracán,

 

hasta que por fin reventó.

     
     

 

y los niños empezaron a salir,

 

todos siguieron alegres y contentos tras la música,

     
     

 

eran extrañamente felices,

 

un pobre huérfano con llagas en los pies que iba a entrar,

     
     

 

viendo todo aquel golgorio, también quiso ir con todos,

 

y como le dolían mucho los pies hizo auto-stop

     
     

 

y la niña más fuertota de la ciudad, le subió

 

incluso una cigüeña que iba a entregar su paquete se paró,

     
     

 

y a los mellizos también les atrapó aquella música mágica,

 

y como no podían ir pues acababan de nacer, la cigüeña los llevó,

     
     

 

era algo incomprensible, los niños saltaban de alegría,

 

eran felices como nunca lo habían sido,

     
     

 

el hijo del carbonero que andaba en muletas también se marchaba,

 

se dirigieron a la montaña de piedra pómez ,(creo que era de eso),

     
     

 

y arriba en la muralla, los malos padres se quedaron de piedra,

 

al alcalde preguntaron -¿Y ahora que haremos sin hijos esclavos?

     
     

 

tranquilos, ya les cogeremos, no podrá ir muy lejos.

 

Pero la idea del flautista no era ir lejos,

     
     

 

se paró ante la mole de piedra y cambió de tono,(creo que do mayor)

 

las rocas empezaron a moverse como hizo la puerta y ...

     
     

 

un mundo nuevo apareció ante los ojos atónitos de los niños,

 

una cueva, que no era cueva, repleta de dulces a rebosar,

     
     

 

aquello era casi divino, los niños entraron en tropel,

 

pero faltaba uno, el hijo del carbonero, el flautísta le esperó,

     
     

 

y milagrosamente, al llegar allí el niño se curó del todo,

 

pues estaban en el país de los niños afortunados,

     
     

 

donde ningún niño sufre, donde ningún niño trabaja,

 

donde todo es alegría y juego si te portas bien,

     
     

 

y lo único obligatorio es: el cole, el aseo, la obediencia, y el cariño,

 

el flautísta ordenó que la montaña se cerrara,

     
     

 

y la montaña se cerró.

 

y en la muralla el acalde dijo:  ¡¡Ohhh noooo!!

     
     

 

y lo que le pasó al alcalde no lo sabemos, pero algo bueno no.