Esta es la fantasía de un mito llamado

Betty Boo.

     

 

 

 

Era una sirena aburrida de tanta

 agua, y decidió subir a la superficie.

 

 

 

 

Un día pasó un barco y su amable

capitán, la subió, la vistió y la mareó.

 

 

 

 

Con tan mala fortuna, que aquel

 barco era el Titanic y se hundió.

 

 

 

 

       

 

 

Cuando llegó a la costa en una

 concha, estaba casi desnuda.

 

 

 

 

Allí se vistió como pudo

y comió lo que encontró.

 

 

 

 

Se ganó la vida subiendo a los

turistas en su tabla de surf.

 

 

 

         

 

 

Después se compró otra y con el

dinero que había ganado, compró

 muchos vestidos.

 

 

 

 

Se puso un vestido especial para

hacer auto-stop  y a las Vegas se fue.

 

 

 

 

Encontró trabajo de sirvienta en una

granja, pero habían muchos ratones.

 

 

 

         

 

 

Y los gatos eran muy vagos, así

que decidió buscar otro trabajo.

 

 

 

 

Buscó trabajo y lo consiguió

en un restaurante super-service.

 

 

 

 

Pero era una pesadez, cada

 día les cambiaban el uniforme

 

 

 

         

 

 

Desempeñó muchos trabajos:

de acomodadora en un circo.

 

 

 

 

De animadora en fiestas de

esas que son poco serias.

 

 

 

 

De ayudante de enfermera,

aunque no sabía casi nada.

 

 

 

         

 

 

Incluso de bombera una temporada,

pero estaba hasta el moño de todo.

 

 

 

 

Y los domingos en el fútbol,

hacía de animadora de equipo.

 

 

 

 

Un día paseando vio un anuncio,

era para una prueba en la radio.

 

 

 

         

 

 

Ella quería ser artista, así que se

puso las medias de la suerte y fue.

 

 

 

 

Pero se puso tan nerviosa

que no superó la prueba.

 

 

 

 

Un día, como vivía en las Vegas,

probó suerte en el casino y ganó.

 

 

 

         

 

 

A la mañana siguiente, se fue a un

fotógrafo y se hizo un Book de modelo.

 

 

 

 

Como tenía dinero para pagar, le

hicieron un montón de buenas fotos.

 

 

 

 

Claro que los vestidos eran de

 ella, que de otra forma ni flores.

 

 

 

         

 

 

Y los trajes de baño, también

los había comprado ella.

 

 

 

 

Incluso los animales de juguete

los apoquinó nuestra amiga.

 

 

 

 

Pero se debe reconocer,

que el trabajó fue genial.

 

 

 

         

 

 

No hay como tener dinero

para mover voluntades, es así.

 

 

 

 

Llevó el Book a una agencia de

modelos y pronto recibió una llamada.

 

 

 

 

El agente artístico le puso

el nombre de Betty Boo.

 

 

 

         

 

 

Al principio fueron pequeñas industrias

o comercios quienes la contrataron.

 

 

 

 

Eran trabajos de poca monta,

con fotos de deficiente calidad.

 

 

 

 

Muy en la línea de reclamo

publicitario barato y mediocre.

 

 

 

         

 

 

En algunas poses, pasó

muchos nervios y frío.

 

 

 

 

Betty se dio cuenta que en vez

de ganar dinero, lo perdía, y lo dejó.

 

 

 

 

 

Pero un día recibió una llamada

muy interesante de otra agencia.

 

 

 

 

         

 

 

Era para una campaña de

vallas publicitarias en Florida.

 

 

 

 

 

Eso ya era un trabajo bien

pagado y con mucha clase.

 

 

 

 

Lo hizo lo mejor que supo y la

 cosa funcionó a pedir de boca.

 

 

 

         

 

 

Muy pronto empezaron a

llover los contratos de imagen.

 

 

 

 

Primeras marcas se interesaron

en ella, eran serias y pagaban bien.

 

 

 

 

Parques temáticos, villas y

campamentos de vacaciones.

 

 

 

         

 

 

Escuderías, motocicletas,

campeonatos, recambios.

 

 

 

 

Clubs de golf, torneos,

pelotas, palos, campos.

 

 

 

 

Criquet, competiciones

en ciudades, accesorios.

 

 

 

         

 

 

Trajes de baño, bikinis,

zapatillas, gafas de sol.

 

 

 

 

La liga de Beisbol,

uniformes, equipos.

 

 

 

 

Marcas de bicicletas,

ropa deportiva, etc, etc.

 

 

 

         

 

 

Pero quién la conectó con el gran

público, fue la publicidad

en las líneas de transporte.

 

 

 

 

La confirmación de su carrera fue en

 Londres, un estudio de cine la contrató.

 

 

 

 

Le hicieron un primer casting

en París y les gustó mucho.

 

 

 

         

 

 

El segundo fue en Venecia,

y éste no les gustó tanto.

 

 

 

 

Ella viendo que podía peder su gran

oportunidad, les rogó una tercera.

 

 

 

 

El tercer casting fue un éxito,

y la productora la contrató.

 

 

 

         

 

 

Primero filmaron unos metros de

película, querían estar bien seguros.

 

 

 

 

Los grandes estudios nunca

arriesgan su dinero al tun tun.

 

 

 

 

Luego unas cuantas tomas, con

diferentes vestidos de poco tapar.

 

 

 

         

 

 

Siempre lo hacen así, pues las

productoras no tienen manías.

 

 

 

 

Se vistió y desvistió un millón de

veces, unas con gusto y otras sin.

 

 

 

 

Solamente una vez posó

con ropa de entretiempo.

 

 

 

         

 

 

Pues ya se sabe, antes de

ser famosa, hay que aceptarlo.

 

 

 

 

Pero hay que reconocer, que nunca

abusaron de ella económicamente.

 

 

 

 

También la obligaron a

ponerse a dieta rigurosa.

 

 

 

         

 

 

La gimnasia era continua,

 por la mañana y por la tarde.

 

 

 

 

La enseñaron a patinar,

y se pegó buenos golpes.

 

 

 

 

Tenía tres partidos de

hokey a la semana.

 

 

 

         

 

 

Uno de baloncesto, pues también

se sabe, que ser estrella no es fácil.

 

 

 

 

Y algo curioso, aprendió juegos

malabares, todavía no sabe el porqué.

 

 

 

 

Pero lo peor de todo fue,

los ejercicios con las pesas.

 

 

 

         

 

 

Y lo mejor de todo, como

es cosa natural, la danza.

 

 

 

 

La pobre chica tenía siempre

 todas las horas ocupadas.

 

 

 

 

Cuando la productora pensó

que ya estaba preparada.

 

 

 

         

 

 

Rodó un par de cortos al

 al estilo dibujos y con un perrito.

 

 

 

 

En ambos casos, como veis,

interpretó a una princesa.

 

 

 

 

Se estrenaron y fueron

un clamoroso éxito de taquilla.

 

 

 

         

 

 

Llegaron las imprescindibles

fiestas de promoción.

 

 

 

 

El nuevo Book para los

estudios cinamatográficos.

 

 

 

 

Fotos para la prensa,

semanarios, magazines.

 

 

 

         

 

 

Modas, glamour, vida,

publicidad, fashion.

 

 

 

 

Reclamos en revistas de

deportes y libretas escolares.

 

 

 

 

Calendarios, pegatinas,

la chica bum de América.

 

 

 

         

 

 

 

 

Betty se hallaba inmersa

en el torbellino de la fama.

 

 

 

 

Como si estuviera en la

luna soñando despierta.

 

 

 

 

Como en una burbuja

dentro de una copa.

 

 

 

         

 

 

Y llegaron los primeros

largometrajes con éxito.

 

 

 

 

-La esclava del desierto-

con Brian Donlevy

 

 

 

 

-La mujer pirata-

con Louis Jourdan

 

 

 

         

 

 

-La casa de té de la luna de agosto-

con Glenn Ford y Marlon Brando.

 

 

 

 

-Tarzán de los monos-

con Johnny  Weinsmuller.

 

 

 

 

-Horizontes lejanos-

con James Stewart

 

 

 

         

 

 

Tras ésta primera serie de films,

su caché ascendió como la espuma.

 

 

 

 

Los premios llegaron

y ella no podía creerlo.

 

 

 

 

Las vallas publicitarias

saturaron el país.

 

 

 

         

 

 

Hollywood se puso a sus pies,

y llegaron mejores películas.

 

 

 

 

-La dama de Shangai-

con Orson Welles.

 

 

 

 

-Pigmalión-

con  Leslie Howard.

 

 

 

         

 

 

-Érase una vez en América-

con Robert de Niro y James Woods

 

 

 

 

-Gilda-

de nuevo con Glenn Ford

 

 

 

 

-Cleopatra-

con Richard Burton y Rex Harrison

 

 

 

         

 

 

Pero la productora vendió su

contrato a una cadena de televisión.

 

 

 

 

Así que tuvo que grabar un par

de series - La mujer Biónica-

 

 

 

 

Y otra chorrada, que se

tituló: -La dama de los conjuros-

 

 

 

         

 

 

Pero Betty ya se había

convertido en una estrella.

 

 

 

 

Su glamour y fama

estaban fuera de control.

 

 

 

 

La más fulgurante de todas

las bellezas del Star-sistem.

 

 

 

         

 

 

Fueron las elecciones a presidente,

quien la liberó del contrato con la TV.

 

 

 

 

Y tras unas cortas vacaciones

muy merecidas y necesarias.

 

 

 

 

Que aprovechó para todo

aquello que tenía atrasado.

 

 

 

         

 

 

Regresó al cine y ésta vez,

con los mejores guiones.

 

 

 

 

-Lo que el viento se llevó-

con Clark Gable.

 

 

 

 

-Cabaret-

con Michael York.

 

 

 

         

 

 

-La reina de Africa-

con Humphrey Bogart.

 

 

 

 

-Cantando bajo la lluvia-

con Gene Kelly y Donald Oconnor.

 

 

 

 

-El mago de Oz-

del gran director Victor Fleming.

 

 

 

         

 

 

-Sonrisas y lágrimas-

con Christopher Plummer.

 

 

 

 

-Moulin Rouge-

con Ewan Mcgregor.

 

 

 

 

-La vuelta al mundo en 80 dias-

con David Niven y Cantinflas.

 

 

 

         

 

 

Y tras otras vacaciones,

llegó el apoteósis final.

 

 

 

 

-La tentación vive arriba-

con Tom Ewell

 

 

 

 

-Casablanca-

de nuevo con Humphrey Bogart.

 

 

 

         

 

 

Los dos últimos films la

catapultaron a lo más alto.

 

 

 

 

La marca de refrescos más

importante la contrató.

 

 

 

 

Otras de no tanta

proyección también.

 

 

 

         

 

 

Incluso llegó a tener

una marca propia

 

 

 

 

New York la hizo

su chica adoptiva.

 

 

 

 

América entera

 la adoró.

 

 

 

         

 

 

El mundo entero

se postró ante ella.

 

 

 

 

La emisoras de radio no

dejaban de hablar de su estrella.

 

 

 

 

Se editaron sellos de

correos con su foto.

 

 

 

         

 

 

Fue atracción principal en

los Casinos de las Vegas.

 

 

 

 

Se hicieron figutitas

para colecciones.

 

 

 

 

Con sus mejores

atuendos fílmicos.

 

 

 

         

 

 

O de sus muchas

facetas laborales.

 

 

 

 

Cajas de música

con su voz.

 

 

 

 

Para consolar a los

soldados en campaña.

 

 

 

         

 

 

Para souvenirs

de toda clase.

 

 

 

 

También se fabricaron

muñecas estilo Barbie.

 

 

 

 

Pero también de otros

 estilos no menos atractivos.

 

 

 

         

 

 

Pins e insignias

con su cara  y body.

 

 

 

 

Pegatinas

y tatooos.

 

 

 

 

Placas para parking

en carreras.

 

 

 

         

 

 

Juegos de naipes

por millones.

 

 

 

Juguetes y

adornos.

 

 

 

 

Y cualquier otra cosa que

uno pueda imaginar.

 

 

 

         

Betty Boo, consiguió en

pocos años, ser la novia de América.

 

 

 

 FIN

 

Textos de Marquimar

 

 

 

Y esto ya no es fantasía

 

 

 
 

 

Aunque nacida del genio de Max Fleisher, como una perrita cantante en 1929,

en 1930, ya debutó como la conocemos hoy en el corto animado: Dizzi Dishes.

Su fama ha traspasado todas las fronteras y aún hoy en día,

es un Sex-Simbol comparable al de Marilyn Monroe.